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Nuevas tecnologías

¡La invasión de los chips!

    ¿Cómo se utilizan?


    Los chips sin contacto invaden poco a poco nuestro día a día. Utilizan diferentes tecnologías como RFID (Radio Frequency Identification) o NFC (Near Field Communications).

    Ya están presentes en algunos billetes de transporte (ej.: tarjeta de metro Navigo o de bicicletas de libre servicio Velib’), los pasaportes electrónicos, las tarjetas de acceso a los edificios (ej.: Vigik), los monederos electrónicos, las llaves de contacto del coche, la logística para la gestión de los equipajes en los aeropuertos o de los inventarios en los almacenes.

    La Identificación por Radiofrecuencia (RFID) se convierte así en un elemento económico clave, especialmente en las aplicaciones de la distribución y del transporte.

    Pero el futuro promete aplicaciones todavía más diversificadas. Los chips permitirán sin duda conocer de manera instantánea el contenido del carrito de la compra del supermercado. Se podrán analizar los objetos comprados; los productos de lujo estarán equipados de un “tag” para evitar las imitaciones; y cuando los teléfonos móviles lleven lectores NFC se podrá pagar a distancia. Los medicamentos y las bolsas de sangre estarán etiquetados para mejorar su trazabilidad.

    También se están llevando a cabo pruebas para equipar a los recién nacidos en determinadas maternidades con pulseras RFID que impidan su secuestro. Y en cuanto a las implantaciones debajo de la piel, en España ya se inyectan chips RFID bajo la piel para pagar las consumiciones en algunas discotecas, lo cual parece totalmente desproporcionado.

    ¿Cuáles son los retos en materia de protección de datos?


    Esta tecnología plantea problemas en materia de protección de datos de carácter personal y de la intimidad, empezando por su naturaleza invisible o casi-invisible. ¿Cómo garantizar el respeto de la ley cuando se trata de una tecnología invisible?

    Además, cualquier persona que disponga del lector adecuado puede leer el contenido de una etiqueta RFID, que puede incluir datos personales (o que pueden convertirse en personales por interconexión con una base de datos) permitiendo así la identificación a distancia del portador. Si todos los objetos de nuestra vida cotidiana (tarjeta de transporte, ropa, teléfono, coche, pulsera….) estuvieran etiquetados, sería posible seguir la pista de los individuos en todos los actos de su vida cotidiana…

    En la actualidad, los sistemas RFID no permiten una vigilancia continua de los individuos. Por ejemplo, el uso de una tarjeta Navigo sólo permite conocer la estación por donde el usuario ha entrado en el metro y en algunos casos la estación de salida. No permite por lo tanto conocer el trayecto efectuado, tanto más cuanto que la CNIL ha limitado la duración de conservación de estos datos a 2 días y únicamente para detectar fraudes.

    ¿Pero qué nos depara el futuro? En teoría, una vigilancia más precisa de los individuos es factible, pero para ello se necesitarían medios considerables, como una densa red de lectores capaces de leer a varios metros de distancia los datos contenidos en los chips.

    ¿Cómo podemos conciliar RFID e intimidad?


    En el transporte público, es esencial que existan sistemas que permitan seguir viajando de manera anónima.

    En el sector de la distribución, los chips introducidos en los productos vendidos en los supermercados deberían neutralizarse automáticamente al pasar por caja (por desactivación o extracción manual). Por lo que, cuando no se prevé ninguna aplicación del chip más allá del punto de venta, los dispositivos técnicos para la neutralización de los tags RFID deberían incluirse en el momento de su fabricación. Aunque ya existen algunas soluciones, la investigación todavía debe progresar para encontrar aplicaciones más prácticas. La CNIL colabora en este sentido con la agrupación Industrias del Comercio de la región del Norte de Francia para orientar el desarrollo de las tecnologías RFID.

    Por otra parte, los consumidores deberían disponer de información clara y precisa acerca del uso de estos chips, de los tratamientos efectuados, así como de los medios a su disposición para leer su contenido y comprobar si están o no activos.

    También se deben promulgar normas de seguridad para garantizar que las informaciones personales eventualmente contenidas en los chips no se puedan leer a distancia por terceros sin que las personas concernidas lo sepan.

    Dada su amplia difusión, la naturaleza individual de los identificadores de cada objeto marcado, su invisibilidad y los riesgos de clasificación de los individuos, la CNIL sigue con especial atención el desarrollo de estas nuevas tecnologías. Mantiene para ello un contacto constante con los actores industriales del sector, a nivel nacional y europeo, y participa actualmente en la elaboración de la primera recomendación europea, cuya adopción está prevista para el primer semestre de 2008. Se trata de recordar que el desarrollo de estas tecnologías debe tomar necesariamente en consideración los principios fundamentales de la protección de datos: principios de finalidad, proporcionalidad, transparencia y seguridad.

    ¿Debería enmarcarse de manera más precisa el uso de estas tecnologías? La ley de protección de datos “Informática y Libertades” se aplica a partir del momento en que los dispositivos RFID utilizados permiten la identificación directa o indirecta de una persona física. Desde este punto de vista no parece necesario adoptar una legislación específica, pero quizás se debiera proceder a una adaptación de la ley “Informática y Libertades” para tener debidamente en cuenta esta tecnología. El grupo de trabajo creado en el seno de la CNIL tendrá que evaluar la aplicación de la ley y de ser preciso proponer su revisión, así como pronunciarse sobre la necesidad de un anexo sobre este punto (véase Capítulo 4).

    ¿Qué es la RFID?

    La tecnología RFID (Identificación por Radiofrecuencia) permite la identificación y localización de objetos o personas. Está compuesta por un microchip (también llamado etiqueta o tag) y de una antena que conectada por ondas radio a un lector, a una distancia que puede ir de unos centímetros a varias decenas de metros. Para aplicaciones en el sector de la gran distribución, su coste es de unos 5 céntimos de euro.

    Otros chips de comunicación, más inteligentes o más pequeños, surgieron con la aparición del  “Internet de los objetos”. Existen prototipos casi-invisibles (0,15 milímetros de largo y 7,5 micrómetros de espesor) y otros, de 2 mm2, con una capacidad de almacenamiento de 512 KB (kilobytes) y capaces de intercambiar datos a 10Mbps (mega bits por segundo).

    NFC es una norma de comunicación desarrollada desde el 2002 que permite la comunicación y la interoperabilidad entre diferentes tipos de chips. La distancia de comunicación para una velocidad máxima de 424kbps es de 10cm.